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sábado, 5 de noviembre de 2011

Armonías laborales

¡Buenos días a todos! Tras un mes de ausencia por estos lares (forzado por las circunstancias laborales, por supuesto -qué alegría me da poder decir eso ^^-), por fin regreso con una entrada que está muy relacionada con el motivo que me ha mantenido apartado de mi espacio durante tanto tiempo.

Cuando me paso tardes (y hasta días) enteros corrigiendo trabajos o exámenes, me gusta ponerme música de fondo para que me distraiga un poco, me relaje e incluso me anime a acabar cuando estoy ya muy cansado. Y me he decidido a compartir con todos vosotros esas piezas que me acompañan mientras me dejo los ojos y la cordura en un mar de faltas de ortografía :P ¡Disfrutadlas!



Este extenso vídeo (que me viene de perilla en esas largas tardes de trabajo) es uno de mis preferidos. No en vano, no sólo es una de las recopilaciones más completas de piezas musicales de la saga Final Fantasy (y, en general, de toda la producción de Nobuo Uematsu, uno de mis músicos favoritos), sino también una de las más hermosas por su excelente combinación de momentos de gran intensidad con otros de mayor relajación.



Murray Gold, el creador de la soberbia BSO de Doctor Who, ha sido mi mayor descubrimiento musical de este año y, por consiguiente, no podía faltar en mi lista de reproducción. En este vídeo están mezcladas dos de sus mejores piezas, a saber, This is Gallifrey y Vale Decem, realmente hermosas por el inteligente uso de los violines, en el caso de la primera; y, en la segunda, por la excelente labor del coro y el contratenor Mark Chambers, quien logra emocionar con su voz hasta hacerte llegar a las lágrimas (aunque el recuerdo de lo que ocurre mientras suenan esas notas también contribuye ^^U).



Aunque las dos temporadas de Moffat no me hagan mucha gracia, la BSO de Doctor Who sigue siendo maravillosa gracias a la impecable labor de Murray Gold, que aquí nos obsequia con una de sus composiciones de mayor carga épica (únicamente superada por las dos que os he destacado con anterioridad). Me encanta, sobre todo, por sus transiciones, que van gradualmente preparando el terreno para los instantes más impactantes y emotivos de la pieza.


Para la sexta entrega de Final Fantasy, Nobuo Uematsu compuso una de las mejores bandas sonoras de esta saga, la cual, una vez interpretada por los instrumentos de una orquesta, es si cabe todavía más bella. Dancing mad es un perfecto ejemplo de esta afirmación. Se trata de una pieza en cuatro movimientos, cada uno de los cuales ambienta la lucha contra uno de los cuatro enemigos finales del juego, a saber, un demonio, un conglomerado de criaturas terrestres, una Madonna y Kefka, el dios de la magia. Y esta versión es, desde mi punto de vista, la mejor de todas las existentes, tanto por el espléndido sonido del órgano como por el del coro, que acompaña a la perfección a los acordes instrumentales de Uematsu.



Además de Dancing mad, esta mini-ópera es otro de los hitos de la BSO de Final Fantasy VI. Y no sólo por lo novedoso que resultaba escuchar este género musical en un videojuego (la primera vez en la historia de los RPG que esto ocurría), sino por la genialidad de esta composición, que nos narra, en sus cuatro fragmentos, la historia de amor entre Draco y María. La espectacular entrada con las trompetas, trombones y violines; los brillantes momentos de las flautas y los clarinetes; el vals con el que arranca el segundo vídeo... Son demasiadas virtudes como para no considerarlo una obra maestra de Uematsu.


Y acabamos con el repaso a Uematsu con esta breve canción, que me encanta por lo divertida y animada que es. De hecho, cada vez que la escucho, siento la necesidad de escribir algo sobre un navío pirata... Quién sabe, quizá haya algo parecido en el cuento que ando escribiendo ^^


Una última BSO de videojuegos que también anda presente en mi listado de reproducción es la de mi adorado Chrono Trigger, la cual siempre me ha traído excelentes recuerdos. Esta versión orquestal, que se grabó especialmente para el décimo aniversario del juego, es una auténtica maravilla y compila algunas de las mejores canciones que acompañaban en sus aventuras a Crono y sus amigos. Una pena que la copia original que tenía se perdiera... Para un fan de la saga Chrono como yo, fue una pérdida.


Últimamente no paro de aficionarme a series británicas, y esta es una de mis preferidas por, entre otros motivos, su brillante banda sonora, de la que aquí tenéis una recopilación excelente. Adoro especialmente el comienzo, en el que suena la pieza que se emplea en las escenas románticas entre Arturo y Ginebra, amén de las típicas para las batallas y los momentos de mayor acción, realmente épicas gracias a sus sobresalientes coros.


Y ya que estamos con el ciclo artúrico, ¿cómo olvidarme de esta obra maestra del estelar Hans Zimmer, el, posiblemente, mejor compositor de bandas sonoras de la actualidad? Quizá la película no sea gran cosa (aunque a mí me parece muy entretenida, todo sea dicho), pero su música, desde luego, no tiene desperdicio alguno y, en este vídeo, podéis escuchar un resumen de lo mejor de la misma.


Y termino con un clásico de mi lista de reproducción, de otra BSO soberbia, cuya calidad supera con creces a la de la cinta para la que fue escrita. Para mi gusto, esta es una de las canciones más épicas de todos los tiempos, símbolo de una época personal muy feliz e inspiradora de un relato del que me siento realmente orgulloso. Por tanto, al escucharla, mis sensaciones positivas se multiplican; de ahí que la utilice para recargar pilas en aquellos momentos en los que mis fuerzas para corregir me van fallando :P

Espero que el listado os haya gustado. ¡Nos vemos pronto por aquí! ¡Palabra!

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Divina Fantasía

Muy buenas a todos. Perdonad esta prolongada ausencia en mis dos Zealitys, pero entre los cursos de las oposiciones (y sus mil millones de tareas) y los últimos ensayos y preparativos de cara a la EstelCon (de la que ya haré una crónica amplia en el Zeality original), me ha resultado completamente imposible actualizar hasta hoy, día en el que he decidido relajarme un poquito y dedicarme a menesteres más ociosos, como, por ejemplo, terminar este 'post' (que tenía en mente desde hace ya tiempo). ¿Y de qué va a ir? Pues de una curiosidad que rodea a una de las sagas de videojuegos más famosas de todos los tiempos, a saber, Final Fantasy.

Muchas fueron las fuentes de las que bebió en su día Hironobu Sakaguchi para crear esta mítica colección (que en breve conocerá su decimocuarto episodio), desde la mitología nórdica (patente, sobre todo, en el Final Fantasy VII) a la hindú, pasando por la griega, los textos religiosos (el Talmud, principalmente), el animismo e incluso el mundo del cine. Sin embargo, hay una muy concreta que poca gente conoce, a saber, La Divina Comedia, el poema épico del italiano Dante Alighieri. Las referencias a este clásico de la literatura mundial son, de hecho, especialmente frecuentes en las primeras entregas de Final Fantasy, alcanzando este particular homenaje su cenit en el sexto título de dicha saga.

Y es que en Final Fantasy VI disfrutamos de una clara alegoría a esta obra cuando nos medimos a su jefe final, Kefka Palazzo. Para llegar hasta él, antes se han de derrotar a tres oponentes más, cada uno de los cuales representa las distintas dimensiones por las que pasea Dante en su relato. De esta forma, los héroes se enfrentan, en primer lugar, a Demonio, clara mención al Infierno dominado por Satanás; después a Enemigo, que está conformado, primordialmente, por hombres sufrientes, aludiendo a la naturaleza del Purgatorio (las almas humanas teniendo que recorrer sus agrestes parajes para expiar sus pecados); y, finalmente, a Diosa, cuya figura es muy similar a la Piedad de Miguel Ángel (esto es, la Virgen -Diosa- sosteniendo el cuerpo inerte de Cristo -Kefka antes de convertirse en Dios-). Es más, en la versión japonesa, Diosa recibe el nombre de María. Huelga decir que Diosa simboliza el Paraíso.

Tras superar a estos enemigos, los protagonistas de Final Fantasy VI se encuentran cara a cara con Kefka, convertido ya en dios de la magia. Esto es, el final del viaje de Terra y sus compañeros es el mismo que el de Dante en La Divina Comedia, cuando el escritor, gracias a la mediación de la Virgen María (Diosa), logra entrevistarse con el mismísimo Dios. En ambos casos, Dios-Kefka revela a su interlocutor el sentido de la vida, punto en el que, lógicamente, el villano nada tiene que ver con el Creador, al revelar que ni el amor ni los sueños tienen sentido para él, por lo que va a proceder a su destrucción. Eso sí, del mismo modo que Dante no es capaz de entender las palabras de Dios (por ser demasiado elevadas para su mente), tampoco los héroes de este videojuego comprenden a Kefka, al que deciden derrotar para salvar el mundo que él desea arrasar. Por último, el escenario de la batalla recuerda enormemente a los círculos del Paraíso (presididos, en el centro, por una luz incandescente, como la de Dios en La Divina Comedia).

Valga como curiosidad que uno de los ríos más importantes del mundo de Final Fantasy VI se llama Lete, justo el mismo nombre que tiene el torrente del que bebe Dante Alighieri para olvidar sus pecados antes de entrar en el Paraíso. No obstante, éste no es el único nombre que Sakaguchi ha extraído de este conjunto de cantares. Así, tanto en el Final Fantasy I (en su versión de GBA y PSP) como en el IV (sobre todo en éste último), nos tenemos que batir con Scarmiglione, Cagnazzo, Barbariccia y Rubicante, cuatro de los trece demonios que conforman el Malebranche, encargado de cuidar la quinta fosa del octavo círculo del Infierno (también llamado Malebolgia). En el IV también se ha de cruzar espadas con Calcabrina, otro de los componentes del Malebranche.

Otros monstruos de los Final Fantasy con menor peso argumental también han sido nombrados a raíz de entes vistos en La Divina Comedia. Por ejemplo, en el 'remake' de Final Fantasy IV para la Nintendo DS se ha incluido un nuevo jefe final llamado Geryon, la bestia con cola de escorpión y rostro de hombre honesto que mora en el Flegetón, entre los círculos séptimo y octavo del Infierno. Al mismo tiempo, en diversos juegos de esta saga, se pueden encontrar a los árboles fantasma Mammon (el demonio de la avaricia) y a los duendes Farfarello (otro de los miembros del Malebranche). Como remate, en Final Fantasy VII: Crisis Core, Zack Fair, su protagonista, luchará contra unas criaturas llamadas como las diferentes zonas que componen el noveno y último círculo del Infierno, a saber, Caína (donde son castigados los traidores a su familia), Antenora (para los que traicionaron a sus compatriotas), Tolomea (para quienes engañaron a sus huéspedes) y Giudecca (los traidores de los benefactores de la Humanidad). Otros de estos seres recibirán los nombres de Purgatorio y Lucifer.

Y, por si todas estas menciones al Infierno de Dante no fueran suficientes, he aquí otra más. En Final Fantasy II, los protagonistas se ven forzados a entrar en el Pandemonium (Paraíso perdido, de John Milton) para derrotar al villano principal del juego, el Emperador Palamecia, que se ha alzado como rey del infierno (de otro modo, ¿cómo iba a habitar el Pandemonium?). Pues bien, el último piso de este palacio, donde mora el Emperador, presenta la forma de un lago helado cristalino, muy similar al Cocito en el que se encuentra encerrado Satán (señor del infierno en La Divina Comedia), en el noveno círculo infernal.

¿Quién dijo que no se puede estudiar Literatura con los videojuegos? ;)

miércoles, 6 de enero de 2010

La joya de la corona de mis Reyes

Esta introducción a doble pantalla me ha dejado anonadado. ¡Menudo 'remake' del Final Fantasy IV se ha marcado Square! Sin duda, ha sido la joya de unos Reyes fantásticos ^_^